Cuando las motos que son objeto de esta web se vendían en los concesionarios la mayoría de nosotros éramos adolescentes, cuando no niños. Teníamos una cosa en común: soñábamos con tener una de esas máquinas en nuestro garage. Para algunos ese sueño se hizo realidad y pudieron tener una preciosa 2T de 75cc cuando tenían 16, 17 ó 18 años. Para otros, entre los que me incluyo, ese sueño no fue realidad. En mi caso tuve que conformarme con una Derbi Variant, que tampoco estaba mal, pero no era lo mismo.

Esa espina se quedó clavada en mi inconsciente y desde hace años que pensaba que en algún momento me compraría la moto que no pude tener y que todavía, casi treinta años más tarde, me seguía fascinando. Para mí la Honda MBX Hurricane era un mito, pero realmente la moto que nunca pude tener fue la Yamaha TZR 80 que salió al mercado justo cuando yo cumplí los 16 años.

 

ME LA VOY A COMPRAR

Después de tanto tiempo la tecnología de las motos 2T de los 80 se ha visto claramente superada, pero irracionalmente yo seguía queriendo tener una. Son tan especiales y ¡qué narices! ¡son tan bonitas!

Hace unos meses que empecé a buscar por los diversos foros ofertas de TZR para, por fin, comprarme la mía. Finalmente encontré una que a un precio razonable ofrecía una moto en exquisitas condiciones: una TZR blanca del año 88 y de la primera serie. La fui a ver y era una belleza. Al probarla noté que el embrague fallaba, pero nada es perfecto. No podía decir que no; la moto exteriormente estaba muy bien (depósito, tapas y llantas recién pintadas, todo con adhesivos nuevos), podía ser mía y tenía el dinero. Además el dueño me advirtió que el fallo del embrague era un pequeño problema del cable y que se solucionaba fácilmente. No me lo pensé dos veces y sin someterla a ninguna prueba más me la quedé.

A los pocos días ya la tenía en casa y aunque no la podía pilotar porque el embrague no funcionaba, sí que podía bajar al parking a admirarla y arrancarla. Oír ese ruido tan característico de las 2T y oler ese olor a aceite quemado que me transportaba a los 16 años. ¡Ya era mía!

 

HISTORIA DE UNA CASUALIDAD

Una vez arreglado el tema del cambio de titular llega el momento de ponerla a punto para rodar. Como no conocía ningún especialista en estas pequeñas motos decidí ir al taller de motos que más fama tenía en mi barrio. Son gente seria y las veces que he llevado otras motos he quedado muy contento. Total seguro que sería una tontería más una revisión rutinaria. A los dos días recibo la llamada del taller: no es ninguna tontería, hay que cambiar el embrague completo y para eso hay que desmontar media moto. La broma me puede salir por 400-500 €. ¡Joder! No hace ni dos semanas que la tengo y ya empezamos con las averías serias. El mismo mecánico del taller me dice que hace unas semanas un conocido suyo reparó totalmente una TZR como la mía y que viendo el coste de la restauración completa se ha planteado vendérsela. Que me ponga en contacto con él y que con las dos motos podría hacer una en perfectas condiciones.

Me facilita los datos de contacto y quedamos un día. La moto, una TZR negra de la primera serie y también del año 88, exteriormente no estaba en muy buenas condiciones, aunque estaba completa. De mecánica estaba perfecta, sonaba bien, aceleraba bien y frenaba mejor. El precio era muy razonable. Menudo dilema; me gastaba el dinero en reparar la primera TZR y tener una moto para pasear en perfectas condiciones o bien me compraba la segunda TZR y luego ya decidiríamos qué hacer con ella. Como es lógico el sentido común decía que tenía que arreglar la primera TZR y que ya habría tiempo de comprar una segunda, pero como la mayoría de vosotros hubierais hecho decidí comprarme la segunda TZR. ¡No me lo podía creer, años esperando para comprarme la moto y en 3 semanas tenía dos!

 

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