UNA ASIGNATURA DE PENDIENTE.

A principios de los 80 el olor a aceite de las 2t ya me era muy familiar, de muy pequeño mi tio ya me llevaba en su Lambreta y  en casa, mi padre tenía una Montesa Impala 175cc. Aprendí a ir en moto muy joven,  con  poco más de 10 años,  ya hacia mis primeros pinitos con las motos de  de mis primos, una Gimson de 50cc y una  Derbi C6 de 75cc … aunque siempre fuera de carretera, ya que no tenía edad para circular con ellas.

 

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Cuando tuve 14 años llego el dilema, ya que una vez me saqué la licencia de ciclomotor, me hubiera gustado que me compraran una Derbi Variant (lo más en aquella época a mi edad), pero en casa me propusieron quedarme la vieja Mobilette  y esperar a los 16 años para poder acceder a una 75cc.

Con 14 años ya iba estudiando las diferentes alternativas, a principios de los 80 llegaron al mercado las primeras máquinas de 2t refrigerada por agua y con frenos de disco, como las Puch cobra M82, la Rieju MR80 y la SWM MK 80, pero a mi las motos de Cross no me convencían, yo prefería una de carretera, mucho más práctica para el día a día, en principio la idea era una Vespa Primavera de 75 o una Montesa Crono.

Pero cuando vi la primera Honda Hurricane MBX de 75cc… me quede sin palabras, fue un flechazo…era la máquina perfecta, todavía recuerdo el anuncio que hacía el flamante campeón de 500cc Freddie Spencer.

A finales del verano del 84, como ya llevaba varios años trabajando en fines de semana y haciendo la temporada de verano en un hotel y tenía algo ahorrado , pero lo bastante como para pagar las más de 240.000 Ptas. ( de aquella época ) que costaba la Honda, por suerte, como cumplía tanto en el trabajo y  en los estudios mi padre accedió ayudarme a financiarla.

Encarguemos la moto en color negro,  pero por desgracia dejaron de importarla de Japón y  tuve que esperar unos meses a que Montesa Honda empezara a fabricar la MBX aquí .

Recuerdo que cada semana pasaba por el taller a ver si sabían algo y siempre me decían lo mismo : “seguro que la semana que viene llegará”, mientras cada vez que veía pasar una sentía mariposas en el estómago. Algunos  compañeros no quisieron esperarse y se decantaron por otras máquinas, como la Vespa, pero yo preferí esperar.

Valió la pena la espera, ya que finalmente pude disfrutar de mi ansiada máquina, una Honda MBX blanca y negra, con el sillín rojo, la cual me dio muchas alegrías. Con ella  te sentías el “tío” más importante de la capa de la tierra, ya que no podías aspirar a nada más a aquella edad, la tuve un par de años, hasta que  la cambié por una Yamaha SR250, que en el 92, sustituí por una Yamaha Virago 250.

 

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